Saturday, May 24, 2008





Cifraste tu silencio

En ajena infinitud aparente

Tu dispensa fue el abandono

pero no te marchaste


Mantuviste la quietud

En extraño silencio

Observaste a los hombres

Engañados por el tiempo


Aprensivos tus hijos

Celebraban tu destierro

Mientras preparabas el ardid

Herido por el rechazo


Adornada vehemencia

Reflejaste en tu aldea

No era necesario el daño

No lo era


Vuelve a tu centro, vuelve

Tus hijos merecen esta tierra

Está a tus pies

Rendida


Saturday, May 03, 2008






DEFINIENDO EL AMOR


Es hielo abrasador, es fuego helado,

es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado;

Es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde, con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado;


Es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero parasismo;
enfermedad que crece si es curada.


Éste es el niño Amor, éste es su abismo.
¡Mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrairo de sí mismo!


Francisco de Quevedo


Sunday, November 25, 2007



La conjura de los necios


La Conjura De Los Necios es una disparatada, ácida e inteligentísima novela. Pero no sólo eso, también es tremendamente divertida y amarga a la vez. La carcajada escapa por sí sola ante las situaciones desproporcionadas de esta gran tragicomedia.


Ignatius J. Really es, probablemente, uno de los mejores personajes jamás creados y al que muchos no dudan en comparar con el Quijote. Más aún, es el antiprotagonista perfecto para una novela repleta de excelentes personajes, situados en la portuaria ciudad de Nueva Orleans, magistralmente definidos y que suponen el contrapunto exacto al gran Ignatius. Él es un incomprendido, una persona de treinta y pocos años que vive en la casa de su madre y que lucha por lograr un mundo mejor desde el interior de su habitación. Pero cruelmente se verá arrastrado a vagar por las calles de Nueva Orleans en busca de trabajo, obligado a adentrarse en la sociedad, con la que mantiene una relación de repulsión mutua, para poder sufragar los gastos causados por su madre en un accidente de coche mientras conducía ebria.


El autor, John K. Toole, consigue una crítica mordaz de una sociedad americana basada en la decadente clase media. Logra mantener el interés del lector (incluso mayor en una segunda lectura que en la primera) con un abanico de personajes a cuál más desagradable. No deja títere con cabeza y, a través de la tortuosa y enrevesada personalidad de Ignatius, da un repaso a la época que le tocó vivir en un tono de burla que contrasta con la triste visión de las vidas de los personajes retratados.


No encontramos únicamente una loca y angustiosa historia de crítica social, sino que el argumento engancha desde el comienzo. Momento en el que, como dice su protagonista, Fortuna hace girar su rueda hacia abajo y nunca sabemos cual es la desagradable sorpresa que nos depara el destino. A partir de aquí, unas situaciones enganchan con otras, al igual que lo van haciendo los personajes, y se va formando una enorme bola de nieve que terminará estallando al final de la novela.


Tras terminar La Conjura De Los Necios, a sus 32 años, el autor intentó infructuosamente que la publicasen. Ello derivó en una profunda depresión que le condujo al suicidio. Gracias a la tenacidad e insistencia de su madre hoy podemos disfrutar de esta deliciosa obra galardonada con el Premio Pulitzer. También podemos encontrar publicada La Biblia De Neón, novela escrita cuando el autor tenía 16 años.

Bautista

Sunday, November 26, 2006



Altas Cumbres



Se elevan las torres en cielo inmaculado

fingiendo ser dioses en tierras complacientes

cuan ególatras son estos hierros

para mirar al cielo y ser contemplados


No podrás detenerlas, querido Sísifo

caerás tantas veces como lamentos

y sufrirás entre gélidos espacios

el dolor de no poder ser como ellos


No te afanes en estas empresas

son vestigios de destrucciones

pues tu alma es extranjera

no entiende el idioma de las torres


Vuelve a ser cernícalo, vuelve a tus pies

pues el cielo de esta tierra está envenenado

no respetará el peso de tus huesos

ni la flora de tu alma.

Friday, November 17, 2006






Coplas de Jorge Manrique a la muerte de su padre


Fragmentos





Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte,
contemplando
cómo se passa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando;
cuán presto se va el plazer,
cómo después, de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parescer,
cualquiera tiempo passado
fue mejor.


....................................................................................


Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros, medianos
y más chicos,
allegados son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.


....................................................................................


Este mundo es el camino
para el otro, que es morada
sin pesar;
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar.
Partimos cuando nascemos,
andamos mientra vivimos,
y llegamos
al tiempo que fenescemos;
assí que, cuando morimos,
descansamos.


....................................................................................


Ved de cuán poco valor
son las cosas tras que andamos
y corremos,
que, en este mundo traidor,
aun primero que muramos,
las perdemos:
dellas deshaze la edad,
dellas casos desastrados
que acaescen,
dellas, por su calidad,
en los más altos estados
desfallescen.



Jorge Manrique

Biografía del autor




El Hombre Imaginario


El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario


De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios


Todas las tardes tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios


Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario
Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario




Nicanor Parra

Biografía del autor






Cien años de soledad



--Quiero estar solo contigo --decía él--. Si estamos solos, dejamos la lámpara encendida para vernos bien, y yo puedo gritar todo lo que quiera sin que nadie tenga que meterse y tú me dices en la oreja todas las porquerías que se te ocurran.

Esta conversación, el rencor mordiente que sentía contra su padre, y la inminente posibilidad del amor desaforado, le inspiraron una serena valentía. De un modo espontáneo, sin ninguna preparación, le contó todo a su hermano.

Al principio el pequeño Aureliano sólo comprendía el riesgo, la inmensa posibilidad de peligro que implicaban las aventuras de su hermano, pero no lograba concebir la fascinación del objetivo. Poco a poco se fue contaminando de ansiedad. Se hacía contar las minuciosas peripecias, se identificaba con el sufrimiento y el gozo del hermano, se sentía asustado y feliz. Lo esperaba despierto hasta el amanecer, en la cama solitaria que parecía tener una estera de brasas, y seguían hablando sin sueño hasta la hora de levantarse, de modo que muy pronto padecieron ambos la misma somnolencia, sintieron el mismo desprecio por la alquimia y la sabiduría de su padre, y se refugiaron en la soledad. "Estos niños andan como zurumbáticos", decía Úrsula. "Deben tener lombrices." Les preparó una repugnante pócima de paico machacado, que ambos bebieron con imprevisto estoicismo, y se sentaron al mismo tiemo en sus bacinillas once veces en un solo día, y expulsaron unos parásitos rosados que mostraron a todos con gran júbilo, porque les permitieron desorientar a Úrsula en cuanto al origen de sus distraimientos y languideces. Aureliano no sólo podía entonces entender, sino que podía vivir como cosa propia las experiencias de su hermano, porque en una ocasión en que éste explicaba con muchos pormenores el mecanismo del amor, lo interrumpió para preguntarle: ¿Qué se siente?

José Arcadio le dio una respuesta inmediata:
-- Es como un temblor de tierra.


Gabriel García Márquez

Biografía del autor

Párrafo escogido de la obra "Cien años de soledad" del autor colombiano Gabriel García Márquez


Monday, November 06, 2006






Tiempo gastado


Los años que poseo
no son los ya vividos,
sino los que me quedan.

Los que dejé de ser entró en mi muerte,
y lo que más recuerdo es menos mío.

Sólo es mío el secreto porvenir,
el tiempo virginal
donde creo mi bien imaginado,
el inédito
fantasma de mi ser.
Mi página de nieve en el destino.

Todo lo veo yéndose.
Siempre estoy desde un barco
perdiendo las ciudades.
No puedo detenerme, asegurarme,
volverme orilla de mi propio río.
Ser el tallo del Día y sostenerlo
logrando su equilibrio,
y vivir su unidad de perfecta corola
como el jardín que vive rosa a rosa.

Sólo un diario morir, sólo una angustia
de duelo permanente.
Cosas aparecidas,
sólo para volverse inexistentes.

Todo instante que llegue dejará de ser mío.
Todo el tiempo gastado significó mi ruina.
Oh, mi corona de horas diaramente usurpada.
Oh, mi Reino perdido cada día.


Julio Barrenechea

Biografía del autor


.




Nocturno



Te inmagino en vela
En un anochecer tardío
Mientras tus manos juegan, ansiosas
A vislumbrar la inminencia del desvelo

Y así la ciudad se apaga sin sueño
Y así tus pensamientos diurnos permanecen pétreos
atados a los pies de tu cama insomne

Y entre ruidos y sombras,
No duermes

Déjame que te cuente porqué no duermes
Porque deambulas por la noche lóbrega
Porque no te entregas a la oscuridad ignota.

Déjame que te cuente porque no duermes
Porque temes ocultar tu mirada
bajo dos párpados pesados como la vida

Déjame que te cuente porqué no duermes
Porque tus pupilas profundas
Se obnubilan con el ocaso

Como si les faltara el aire
en las noches negras
Como si de tanto otear la luz del día
no pudiesen soportar la ausencia

No duermes porque dormir es entregarse un poco a la muerte
A la incertidumbre del despertar
O de no oír el alba una vez más

Al dormir se reflejan cual espejo las asperezas del alma
Alma que se te escapa en cada suspiro somnoliento
Y te desvelas cuando ella te susurra
Y te recita los sonetos que expele tu boca
al despuntar el alba

Y crees que creas los versos que sostienen tus noches
Y crees que eres tú quien los crea...

Es una musa la que te canta bajo las tinieblas
Tú la iluminas
Y te habla del desamor
Y tú narras sobre el dolor
Inseguro en una vigilia lúcida que ya te vence

Y ella te lleva a recorrer tus miedos
En un sueño con los ojos bien abiertos
No vaya a ser que no resista
Que no resistas

Y que la batalla del crepúsculo
la gane el letargo de tu cuerpo
Y que te duermas...

Porque sólo así soñarás con otra
Una que no te anuncia trovas trasnochadas
sino que te inspira

Y que de tanto buscarte, al fin te halla
en algún instante rojizo de la aurora.


Francisca Levin Visic


.

Saturday, November 04, 2006



Amor constante más allá de la muerte




Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora, a su afán ansioso lisonjera;

Mas no de esotra parte en la ribera
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
y perder el respeto a la ley severa.

Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
Venas, que humor a tanto fuego han dado,
Médulas, que han gloriosamente ardido,

Su cuerpo dejará, no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, más polvo enamorado.


Francisco de Quevedo

Monday, October 30, 2006



Si Tú me Dices Ven


Si tú me dices ven, lo dejo todo
No volveré siquiera la mirada
Para mirar a la mujer amada
Pero dímelo fuerte, de tal modo
Que tu voz como toque de llamada,
Vibre hasta el más íntimo recodo del ser,
Levante el alma de su lodo
Y hiera el corazón como una espada.


Si tú me dices ven, todo lo dejo
Llegaré a tu santuario casi viejo,
Y al fulgor de la luz crepuscular,
Mas he de compensarte mi retardo,
Difundiéndome, ¡Oh Cristo!, como un nardo
De perfume sutil, ante tu altar.


Amado Nervo
Oda a la Crítica


Yo escribí cinco versos
uno verde,
otro era un pan redondo,
el tercero, una casa levantándose,
el cuarto era un anillo,
el quinto verso
era corto como un relampago
y al escribirlo
me dejó en la razón su quemadura,
y bien los hombres,
las mujeres,
vinieron y tomaron la sencilla materia,
brizna, viento, fulgor, barro, madera,
y con tan poca cosa, construyeron paredes,
pisos, sueños.
En una línea de mi poesia
secaron ropa al viento,
comieron mis palabras,
las guardaron junto a la cabecera,
vivieron con un verso,
con la luz que salió de mi costado,
entonces llego un crítico, mudo
y otro lleno de lenguas,
y otros,
otros llegaron ciegos
o llenos de ojos,
elegantes algunos,
como claveles con zapatos rojos,
otros estrictamente vestidos de cadáveres,
algunos partidarios del rey
y su elevada monarquía,
otros se habían enredado en
la frente de Marx
y pataleaban en su barba,
otros eran ingleses,
sencillamente ingleses,
y entre todos,
se lanzaron con dientes y cuchillos,
con diccionarios y otras armas negras,
con citas respetables,
se lanzaron,
a disputar mi pobre poesía,
a las sencillas gentes que la amaban.
Y la hicieron embudos, la enrollaron,
la sujetaron con cien alfileres,
la cubrieron con polvo de esqueleto,
la llenaron de tinta,
la escupieron,
con suave beningnidad de gatos,
la destinaron a envolver relojes,
la protegieron,
y la condenaron,
le arrimaron petróleo,
le dedicaron húmedos tratados,
la cocieron con leche,
le agregaron pequeñas piedrecitas,
fueron borrándole vocales,
fueron matándole sílabas y suspiros,
la arrugaron e hicieron un pequeño paquete,
que destinaron cuidadosamente a sus desvanes,
a sus cementerios,
luego se retiraron,
uno a uno,
enfurecidos hasta la locura
porque no fui bastante popular
para ellos,
o indignados de dulce menosprecio,
por mi ordinaria falta de tinieblas.
Se retiraron, todos,
y entonces, otra vez,
junto a mi poesía,
volvieron a vivir mujeres y hombres,
de nuevo hicieron fuego,
construyeron casas,
comieron pan,
se repartieron la luz,
y en el amor,
unieron relámpago y anillo.
Y ahora perdonadme señores
que interrumpa
este cuento que les estoy contando,
y me vaya a vivir para siempre con la gente sencilla.


Pablo Neruda



Jorge Luis Borges




En qué piensas , Insomne?




En que piensas insomne
me pregunto si estás muerto
no intento acercarme
quieres estar solo.

Debes querer dormir
pero definitivamente
ya llevas meses así
intentando morir despierto

Te golpeas contra la pared
la sangre y el yeso
como Rebeca Buendía
tu la conoces

Debes estar sufriendo
la peste del insomnio
que azotó a Macondo
Cien años atrás





Viajes con Charley

En Busca de América


"Es exxtraño cómo una persona puede inundar una habitación de vitalidad, de emoción. Luego hay otras, y aquella dama era una de ellas, que pueden extraer la energía y la alegría, pueden absorber el placer y dejarlo seco y no obtener de él el menor sustento. Esta gente difunde una grisura en el aire a su alrededor. Yo había estado mucho tiempo conduciendo y puede que anduviese bajo de energía y con poca capacidad de resistencia. Me afectó. Empecé a sentirme tan triste y desdichado que me entraron ganas de meterme debajo de un cobertor de plástico y morirme"



"Había procurado enterarme de lo que pensaba la gente políticamente. La gente que había encontrado no hablaba sobre el tema, no parecía querer hablar de eso. Me dio la impresión de que era en parte recelo y en parte falta de interés, pero no se habían expuesto opiniones fuertes. Un tendero me confesó que tenía que trabajar con los dos bandos y que no podía permitirse el lujo de una opinión. Era un hombre gris de una tiendecita gris"


Estos párrafos han sido escogidos del libro "Viajando con Charley" del autor norteamericano John Steinbeck

José Tomás Cavada Charles








"Otra cosa bien distinta habría sido la vida para ambos, de haber sabio a tiempo que era más facil sortear las grandes catástrofes matrimoniales que las miserias minúsculas de cada día. Pero si algo habían aprendido juntos era que la sabiduría nos llega cuando ya no sirve para nada."


"El domingo de Pentecostés, cuando levantó la manta para ver el cadáver de Jeremiah de Saint- Amour, el doctor Urbino tuvo la revelación de algo que le había sido negado hasta entonces en sus navegaciones más lúcidas de médico y de creyente. Fue como si después de tantos años de familiaridad con la muerte, después de tanto combatirla y manosearla por el derecho y el revés, aquella hubiera sido la primera vez en que se atrevió a mirarla a la cara, y también ella lo estaba mirando. No era el miedo de la muerte. No: el miedo estaba dentro de él desde hacía muchos años, convivía con él, era otra sombra, desde una noche en que despertó turbado por un mal sueño y tomo conciencia de que la muerte no era sólo una probabilidad permanente, como lo había sentido siempre, sino una realidad inmediata."


"Pero lo que más le inquietaba era la desconfianza que tenía en su propia razón: poco a poco, en un naufragio ineluctable, sentía que iba perdiendo el sentido de la justicia."


Estos párrafos han sido seleccionados del libro "El amor en los tiempos del cólera, del autor colombiano Gabriel García Márquez


José Tomás Cavada Charles

Thursday, October 26, 2006


Conversación Bizantina



Paula era pura y santa melancolía

Shakespeare en Venezuela

Un drama infinito

Vino el hombre y abrió los ojos


Preguntó si creía mientras secaba sus ojos

Sobre la existencia del tiempo

Sobre lugares habitados

Sobre el huevo y la gallina


Perdón, de qué me estas hablando ?

Eres un descarado

No vez que estoy llorando, como una Magdalena

Paula Magdalena, de todos los santos


Por qué lloras Magdalena

Estoy de vuelta, en tus brazos

Brota carcajadas de alegría

Te he encontrado y estas a salvo


Ya no estoy llorando como Magdalena

No es tiempo de llamados ni preguntas

Mi nombre es Paula

Y ya estoy fuera de ti

Monday, October 23, 2006





Tipo Típico


Este loco esta tipo

Si, tipo

Como los locos inside

Tipejos locos, tipeando a todos


Le faltan cuerdas a estos tipos

Para que suenen como guitarras

Y se dejen de tipear a todo el mundo

Con cuartetos típicos


Les falta salsa a estas líneas

Por culpa de estos tipos

Que no crean nada nuevo

Puros tipos típicos

Monday, August 21, 2006

Desconocido, yo te admiro


No quiero extrañar a nadie,
No quiero regresar.
No quiero hacer llorar a nadie,
No quiero payasear.
No quiero hacerme unos panes,
No quiero fatigar.


¿Puedes ver como estoy sentado hoy?
justamente así es como me siento ahora,
chueco y jorobado, justo como soy,
ambas circunstancias que mi silla ignora,
Y tu me dices que me siente bien,
Quizás no entiendes que me siento mal.


No quiero desafiar a nadie,
No quiero arrugar.
No quiero deshacer mis planes,
No quiero continuar.
No quiero ver cuajar los flanes,
No quiero esperar.



Camilo Artigas Barrenechea




El Cuadro


Tengo un cuadro aunque no es mío,

Yo no lo he pintado,

Aún no se si es regalo por que tal vez es prestado,

Tal ves nunca sea mío, tal ves no es mas que un cacho.


Él me encontró un día y sin siquiera plantearlo,

Me hizo su dueño absoluto, me hizo su amo obligado,

Me hizo saberlo por mío,

Un día 14, nublado


Así fue como enseguida me percate que existía,

Estaba puesto seguro, tan firme como podía,

Colgaba de un clavo divino, por un cordel de espinas,

Y estaba puesto en un muro, sin ventanas, sin salidas.


No era problema esos días,

Sus colores se mantenían,

Tenia un marco muy grueso,

Que unía sus cuatro esquinas,


Hoy día es bastante extraño,

Con mucho mas de cuatro esquinas,

Tiene colores mezclados, pedazos cortados,

Y los pintores impostores me hablan de su significado.


Un día alguien tapará el cuadro,

Con un suave manto enchulado,

Por ahora lo sigo viendo por uno y otro lado,

Y aún no lo entiendo, yo no lo he pintado.



Camilo Artigas Barrenechea